miércoles, 4 de mayo de 2016

LAS VISITAS: UN ABAD QUE NO ESTÁ EN LOS ABADOLOGIOS DE ARLANZA





2ª VISITA:
Se realiza el once de enero de 1765 por el Abad fray Joseph Alfaro, siendo administrador del Priorato, fray Isidoro Rodríguez. En esta visita encontramos dos cosas curiosas: la fecha y el nombre del Abad.
 Lo primero que nos llama la atención es la fecha, se realiza el once de enero de 1765, habían transcurrido seis años y medio desde la primera, un plazo muy amplio, máxime cuando las Constituciones nos dicen: Mandamos, que el Abad del Monasterio principal visite por su persona, o por sus Comisarios cada año todos sus anexos, y a lo menos dos veces en su cuadrienio las Filiaciones, y los otros anexos tres. Y en unos, y en otros podrán poner los preceptos, censuras, y penas, que les pareciere convenir... Y el Reverendísimo cuando visitare el Monasterio principal tenga cuidado de informarse de la administración espiritual, y temporal, que hay en las Filiaciones, y Prioratos, y demás anexos, para que si hay necesidad de reformar alguna cosa, lo mande hacer. (Lib. II. Cap. XXXIV. 15). No obstante, no hemos encontrado justificación en el Libro para esta tardanza, ni tampoco que esta norma recogida en las Constituciones se cumpliera a rajatabla; al menos en este Priorato, la periodicidad de las visitas es del todo irregular.
En segundo lugar, el nombre del Abad. En este acta se nos dice que el Abad es el maestro fray Joseph Alfaro, sin embargo, en el abadologio del Monasterio de San Pedro de Arlanza (siglos X-XIX) de Ernesto Zaragoza Pascual, aparece como Abad para estas fechas, Antonio Gutiérrez (1762-1765). A él le sigue ese mismo año, Benito Montejo (1765-1769). Sin embargo, este acta está firmada por fray Joseph Alfaro como Abad de Arlanza y como secretario fray Prudencio Palacios. De este último, nos dice el abadologio, que fue elegido Abad en 1761 pero que, “parece que renunció, pues en 1762 ya se halla su sucesor” y da como sucesor al referido Antonio Gutiérrez. Tal vez esté aquí la causa por la que se tardó tanto tiempo entre la anterior visita y esta. En cuanto al Abad fray Antonio que nos da Ernesto Zaragoza en estas fechas, puede que actuara como tal por menor tiempo del que él creía y fuera fray Joseph el que acabara el cuadrienio. Sea como fuere, en enero de 1765 fray Joseph firma este acta como Abad de Arlanza. Sé que algunos estaréis pensando que cabe la posibilidad de que fray Joseph fuera comisionado por el Abad fray Antonio para realizar esta visita. Sin embargo, he de desechar tal opción, pues eso se hacía constar en la propia acta, tanto en el encabezado de la visita: se cambiaba la siguiente frase, “visitando este Priorato Nuestro Padre fray… Abad del Real Monasterio de San Pedro de Arlanza…” por esta otra: “visitando este priorato el padre fray…, de comisión de nuestro padre fray… Abad de Arlanza…”. Así como en la fórmula final: “así lo proveyó, ordenó y mando en esta su casa de Santa Inés, de que yo el infrascrito secretario doy…” por esta otra: “así lo proveyó y mandó su Paternidad, de que yo el infrascrito secretario doy…” Y también al firmar el acta: “Fray… Abad de Arlanza”, por esta: “Fray… Visitador Comisario”. 
Por todo ello, creo que el Abad al que sustituyó Fray Benito Montejo en 1765 fue a fray Joseph Alfaro, y por tanto lo correcto sería reconocerle como uno de los Abades del Real Monasterio de San Pedro de Arlanza y aunque de momento no sepamos cuánto duró su mandato, reivindicarle un puesto en el abadologio arlantino sería lo justo.
Siguiendo con el análisis de las visitas propiamente dichas, en esta segunda visita se insiste en los mismos temas que en la anterior, haciendo hincapié en la forma de anotar las cuentas con seculares y para ello manda:
 ….que asiente con toda claridad cualquiera partida de dinero u otra cosa que entregase dentro de veinte y cuatro horas y que liquide cuentas con todas las personas que las tuviere dos veces al año, por San Juan y Navidad y lo mismo se entienda con los monjes de la casa o religión, por evitar pleitos, y que los memoriales que diesen cada visita, pongan con claridad todas las deudas a favor y en contrario, especificando a las personas que debe, a cada una en particular y lo mismo se entienda con las personas que deban al Padre Administrador: y debiendo fulano de tal, vecino de tal parte, me debe de cuenta ajustada tanto, a fulano de tal, vecino de tal parte, le debo tanto.
En este mandato, el Abad le explica al Prior cómo ha de hacer las cuentas del Priorato, cumpliendo con las Constituciones de 1701, en cuyo Libro II, capítulo XXII hablan sobre “Cuentas generales de San Juan,  y Navidad, de visitas, y de todo el cuadrienio”, y que en su punto 3 obliga también a los Prioratos: Y en la misma conformidad se ajustarán las cuentas, y liquidaran los alcances de ellas en los libros de granjerías, Prioratos, y otros que haya.

Termina el acta con la orden de hacer un inventario de las alhajas del Priorato. Inventario que consta seguidamente y vuelve a estar firmado por fray Joseph Alfaro como Abad de Arlanza y fray Isidoro Rodríguez como Prior.

miércoles, 20 de abril de 2016

LAS VISITAS DEL PRIORATO: ESTRUCTURA Y 1ª VISITA




LAS VISITAS    
Continuando con el Libro, llegamos a las visitas que hacen los abades al Priorato. Han quedado registradas un total de doce Actas, la primera, fechada el veintinueve de junio de 1758 y la última, con fecha de diez de mayo de 1804. Aunque las visitas consignadas en el libro acaban en 1804, el Priorato siguió existiendo, como lo demuestra el Libro de Cuentas, Rentas y Granos del Archivo Histórico Nacional, que registra sus partidas hasta el ocho de noviembre de 1835, día en que se produjo la exclaustración definitiva de San Pedro de Arlanza (no obstante, hubo dos exclaustraciones anteriores con motivo de la guerra de la independencia y por decreto de José Bonaparte, de las que hablaremos más adelante).
Transcribir las doce visitas literalmente, sería aburrido y repetitivo, por cuanto la mayoría de los temas tratados se repiten en todas ellas, pero sí destacaremos aquellos que diferencian a una de otra y transcribiremos las partes más interesantes. No obstante os transcribo la primera íntegramente, por tres motivos. Primero, para que podáis ver como son; segundo, por la categoría del abad que la realiza, que es uno de los monjes más relevantes de Arlanza: fray Benito Montejo, natural de Guinicio (Burgos), tomó el hábito en Arlanza el 6 de abril de 1738. Entre otros muchos cargos, fue tres veces Abad de Arlanza (1757-61, 1765-69, 1773-77); Definidor General (1769-73); Abad de Oviedo (1781-85); Cronista general de la Congregación de Valladolid (1785-94) y Académico de la Real Academia de la Historia desde el 17 de agosto de 1770. Murió en Montserrat de Madrid el 26 de agosto de 1796 ("Abadologio del Monasterio de San Pedro de Arlanza (siglos X-XIX)" de Ernesto Zaragoza Pascual). 
En tercer lugar, porque en esta visita Montejo, da la orden de hacer constar en este libro, todas aquellas cosas importantes que afectan a este Priorato, al señorío de Santa Inés, y que nos van a permitir conocerlo.
Todas las actas de visita presentan la misma estructura, que podemos resumir en tres puntos principales:
·    Una primera parte dedicada a la observancia de la religión en los monjes que viven fuera de la Casa madre (observancia de las leyes de la religión y el mantenimiento decoroso del oratorio)
·     Una segunda parte que se ocupa del plano económico, en la que se apela a las cuentas que debe hacer el Prior en su administración (el correcto asentamiento de las cuentas, la prohibición de prestar dinero a seglares…)
·    Una tercera parte, dedicada a los problemas propios del Priorato (vigilancia de las regalías que tiene el señorío, y los problemas que en cada momento tiene: cultivos, reposición de cercas…)
Las Constituciones de 1701 (Constituciones de la Congregación de San Benito de Valladolid de 1701)), totalmente vigentes en este periodo, regulan la vida de los monjes, tanto en lo espiritual, como en lo material. Así por ejemplo en el Libro II, cap. XI hablan de la ocupación cotidiana y observancia monástica; el cap. XIV de la pobreza monacal; el XV del voto de clausura… Son los abades en sus visitas los encargados de velar porque estas normas se cumplan.
Para la segunda parte de esta estructura, son también estas Constituciones las que regulan la vida económica de los Monasterios y sus anejos, por ejemplo en el capítulo XXXII, indican minuciosamente como han de hacerse las cuentas generales de San Juan, y Navidad, de visitas y de todo el cuadrienio; en el cap. XXXIV, dedicado a los Prioratos y anexos, podemos leer en lo referente a este tema: En cada Priorato ordene el abad los libros de cuentas que conviene haya, conforme a la hacienda, y granjería, que hubiere en él, de manera que se pueda saber, y tomar cuenta de lo que tiene el Priorato, y cómo, y en qué se gasta. Y en los Monasterios principales haya también los mismos libros, que correspondan en todo a los que hay en los Prioratos, para que por ellos se les tomen cuentas a los Priores: y estos libros juntamente con los de la Casa se presentarán al Reverendísimo en la visita que de ella hiciere, para que por ellos vea, como se administra la hacienda de los Prioratos, y reconozca sus rentas.

En cuanto a la tercera parte de estas actas, es la que recoge la preocupación de los Abades por la administración del Priorato, sus carencias y problemas, y las soluciones que se toman para su mejor administración y productividad.
En esta primera acta, fray Benito Montejo se da cuenta que para una buena administración de los priores, lo primero que tienen que conocer son los derechos que el Monasterio ejerce sobre la villa, la solución que da se concreta en una orden que el Prior cumple inmediatamente. Y es en esta orden donde se encuentra la clave para que este simple libro de visitas se convierta en un buen instrumento de conocimiento sobre el Priorato y la villa de Santa Inés.



1ª VISITA:

Visita del Priorato de Santa Ynés del año de 1758
En la villa de Santa Ynés a veintinueve días del mes de junio de mil setecientos y cincuenta y ocho. Nuestro muy Reverendo Padre el Maestro fray Benito Montejo, Maestro de la Religión de San Benito y Abad del Real Monasterio de San Pedro de Arlanza, sus Prioratos y Anejos, habiendo visitado esta casa de administración de la villa de Santa Ynés, que es de su señorío, por ante mí el infrascrito secretario, ordenó lo siguiente:
Primeramente ordena al Padre administrador, fray García Melgosa y a cualquier otro que le suceda en el oficio, el que tenga presentes y observe con toda exactitud las leyes de nuestra religión que hablan con los monjes que viven fuera de clausura en prioratos, granjas u otras.
Item que prosiga en tener con la decencia correspondiente el oratorio de esta casa, y para ello le encarga el que con toda brevedad componga y aderece las albas que están algo rotas y descompuestas.
Item para evitar en lo futuro los inconvenientes que en nuestro monasterio se han experimentado, por no tener sus administradores ajustadas sus cuentas con personas seculares, manda su paternidad al Padre administrador que asiente con toda claridad cualquiera partida de dinero u otra cosa que entregare dentro de veinticuatro horas; y que liquide cuentas con todas las personas que las tuviere dos veces cada año, por San Juan y Navidad.
Otrosí reconviene su Paternidad al Padre Prior con la ley de nuestra religión que prohíbe a sus monjes bajo graves penas el tener en poder de personas de fuera de la religión alhajas, dinero u otra cualquiera cosa sin licencia expresa del Prelado.
Así mismo se prohíbe al Padre administrador el prestar dinero a secular alguno de cualquiera condición y calidad que sea, exceptuando de esta regla únicamente a los que suelan ser peones continuos en nuestra granjería, a los cuales se les podrá prestar alguna cantidad corta, por modo de jornal adelantado.
Otrosí se le encarga la vigilancia en que se conserven los fueros y regalías que nuestro Monasterio tiene en esta villa así por título del señorío como por cualquiera otro y que en caso necesario nos de aviso para tomar las providencias necesarias.
Y para que cualquiera monje que entre en esta administración, tenga las noticias y conocimiento que corresponde, se le ordena al Padre Prior que haga una memoria exacta y legal de las regalías, aprovechamientos, usos y otras cosas favorables al Priorato, al Monasterio y sus Abades, la cual pondrá hacia el remate de este libro, para que así conste de toda.
Así lo proveyó, ordenó y mandó su Paternidad en esta su casa de Santa Ynés dicho día, mes y año, por ante mí el infrascrito secretario de visita de que doy fe.


El acta está firmada y rubricada por fray Benito Montejo como Abad de Arlanza y fray Fulgencio Ramos como secretario.

viernes, 8 de abril de 2016

EL PRIORATO DE SANTA INÉS: LA CASA


LIBRO DE VISITAS DEL PRIORATO DE SANTA INÉS

Fachada de una de las casas del Priorato.
 (Hoy vivienda privada)

El libro estuvo oculto durante años en el fondo de una caja en un archivo, vio la luz nuevamente en 2010 y hoy tengo el privilegio de dároslo a conocer. Bajo el nombre de “libro de visitas”, nos esconde otra información muy interesante para la historia de este pueblo de Santa Inés y del propio monasterio de San Pedro de Arlanza. Nos habla de las propiedades, rentas y censos que el Monasterio tenía en Santa Inés, en Santillán, en Villabrán, en Villalmanzo y en Lerma. Nos habla también de nombramientos, de tributos, de compras y de los principales pleitos que tuvo el Monasterio en esta zona.
He dudado, si transcribirlo íntegramente o contar directamente la historia que se puede reconstruir con sus páginas. Sin embargo, su transcripción íntegra puede ser muy áspera para este blog. Así que reconstruiré la historia que nos cuenta, confirmándola o completándola con otra documentación, pero también transcribiré algunas de sus páginas y párrafos para que podáis apreciar de donde ha salido la información e incluiré algunas fotografías del original. 
Hoy empezaremos con una descripción de la casa del Priorato, de quienes vivían en ella y de otras construcciones que los monjes tenían en la villa. Este enlace os llevará a él.

sábado, 5 de marzo de 2016

EL CATASTRO DEL MARQUÉS DE LA ENSENADA, LUGAR DE SANTA INÉS




Hola a todos:  

Os dejo ya la transcripción del Catastro del Marqués de la Ensenada sobre la villa de Santa Inés. Como veréis, la transcripción es literal en todas las preguntas del interrogatorio general, salvo la número 20 que se refiere a los animales que hay en el término, qué clase, cuál es su utilidad y a quién pertenecen. La razón está en que se alargaría mucho, que el nombre de los propietarios no es lo más importante, y que los números que son los que más nos interesan se ven mejor cuando están expuestos en una tabla, por ello me he permitido darlos en dos tablas. En una está la clase de ganado y su número total y en la otra, la utilidad que les atribuyen los peritos de la Única Contribución. Espero os sea de interés, en cualquier caso, como ya os anuncié nos vendrá bien para lo que iremos viendo en próximas publicaciones. Tenéis esta transcripción, a continuación de la del Becerro de las Behetrías, en el siguiente enlace, Santa Inés.

martes, 16 de febrero de 2016

LA VILLA DE SANTA INÉS



Imágen de Santa Inés. Se conserva en la ermita de San Sebastián



La villa de Santa Inés se funda a las orillas del río Arlanza, está situada en la carretera que une Lerma con Covarribias. Sus orígenes son desconocidos, aunque se remontan al menos al siglo IX o X. De los primeros años de su existencia tenemos pocas noticias. El primer testimonio escrito en el que se la menciona es la carta de su donación al Monasterio de San Pedro de Arlanza, fechada el 20 de abril de 1062. En ella Fernando I da al Monasterio la villa de Santa Inés, entonces denominada “villam Sancti Genesii” (San Ginés). Santa Inés se convertirá así, en Priorato de San Pedro de Arlanza y unirá su historia a la del Monasterio durante 800 años.
La villa de San Ginés  con el tiempo cambiará de nombre, como nos demuestra el Becerro de las Behetrías (1352), donde ya aparece denominada como Santa Ygnes. El origen del nombre es desconocido, sin embargo, existen diversas teorías que hemos encontrado y de las que os he dejado constancia en la barra de arriba, bajo el título: Santa Inés.

Su historia es interesante, a través de ella vamos a poder conocer no solo la villa, cómo fue su sociedad y su forma de vida sino también, el funcionamiento de otras instituciones, por ejemplo, el Monasterio de Arlanza. Para conformar esta historia tenemos, entre otros, cuatro libros fundamentales que nos hablan de ella, y que nos van a permitir reconstruirla en gran parte. El primer libro al que nos vamos a remitir es, como siempre, el Becerro de las Behetrías (libro fundamental para conocer la historia de los pueblos de Castilla), que por supuesto os he transcrito en la página: Santa Inés, en la que a partir de ahora iréis encontrando su historia.
El segundo libro, será el Catastro del Marqués de la Ensenada que también os transcribiré. Una vez tengamos la información de estos dos libros, pasaremos a reconstruir la historia del pueblo con los otros dos libros (y alguno más que nos ayude), pero con las transcripciones de estos dos, tendréis datos para analizar las cuestiones que se puedan plantear. Estoy segura de que os va a encantar su historia, además de que encontraréis información inédita que publicaré por primera vez en este blog.

viernes, 16 de octubre de 2015

LA FORMA DE VIDA EN SANTA INÉS: (ANIMALES DOMÉSTICOS)


La "yuebra" o pareja de machos

Los animales domésticos compartían la vivienda familiar, si bien tenían sus propias dependencias: la cuadra, los corrales y el cortijo.
·       LA CUADRA: en esta dependencia se encontraban los machos, los burros, las vacas (el que las tenía) y las cabras. Los machos eran los que hacían el trabajo de campo, cuando salían a trabajar con su apero correspondiente, bien el arado o bien el carro, se llevaba un elemento indispensable: “la tralla”, que era una correa trenzada atada a un palo de madera, en realidad era para animarlos si se paraban, pues estos animales tenían unas voces propias para dirigirlos y a las que normalmente atendían diligentemente: como “güesque” (para girar a la izquierda) o “güellao” (girar a la derecha). Las labores del campo también se podían hacer con las vacas, en este caso era fundamental llevar la “injada”, pues las vacas son animales muy lentos y había que animarlos. La injada es una vara larga que en uno de sus extremos lleva un punzón con el cuál se pinchaba al animal para animarle. A la pareja de machos y vacas se les llamaba “la yuebra”. En las cuadras también se guardaban una o dos cabras, una o dos no faltaban para el sustento de leche y queso.
·       LOS CORRALES: dicen que el mejor caldo es el de gallina, en el pueblo lo sabían bien, y no solo el caldo, también los huevos y la carne, por ellos se ponía especial cuidado en su cría: cuando una gallina se ponía “yuecla” (clueca, esponjosa…), se cogía un cesto grande llamado “escriño” o “coloño”, se llenaba de paja y encima se ponían bastantes huevos y cubriéndolos, la gallina. Para facilitarle la incubación se procuraba que estuviera en un sitio oscuro y se la echaba de comer en unas latitas, trigo y agua. A los 21 días los pollitos empezaban a romper la cáscara y salían, entonces se cogía a la gallina con los pollitos y se les colocaba en un cajón en un rincón, así permanecían con la madre. Ahora se les echaban migas de pan para que comieran los pollitos. Daba gusto verlos, cuando tenían frío se metían debajo de la gallina y esta se agachaba y los cobijaba. En invierno, los primeros días, se ponía el cajón en la cocina, cuando eran un poco más grandes se les trasladaba al corral, se llamaba “la pollada”, al principio siempre estaban con la gallina. Según crecían, se les distinguía por la cresta, si la tenían eran pollitos, y cuando se hacían grandes se dejaba alguno para las gallinas y el resto a la cazuela. Si las gallinas dejaban de poner teníamos que comprar. De vez en cuando, venían por la plaza vendiendo pollitos, se compraban y se tenían en un cajón en la cocina y más tarde, con una luz para que no les faltara el calor, luego pasaban al corral y seguíamos el mismo sistema. No podemos olvidarnos de otro habitante del corral, que nos proporcionaba una carne muy sabrosa: el conejo. Es un animal que no da mucho trabajo y se alimenta con bajo coste, por lo que nunca faltaba en las casas.
·       EL CORTIJO: prácticamente todas las familias tenían un cerdo en casa, se guardaba en un trozo para él, llamado “cortijo”. Su alimentación no era difícil: cocíamos un caldero en la cocina de orear, que siempre estaba colgado del “ayar” (yar). En él se ponían patatas, berza y lo que había, todo con un poco de harina y boñigas de los machos. Con poco coste se criaba el cochino y a finales de año se mataba. Como vulgarmente se dice, del cerdo se aprovecha todo, y a nosotros nos proporcionaba carne para todo el año.


martes, 22 de septiembre de 2015

LA FORMA DE VIDA EN SANTA INÉS: (LA VIVIENDA TRADICIONAL)



Casa típica de adobe
                         
Santa Inés es un pueblo que se estructura en una red de calles amplias y bien cuidadas; es luminoso y tranquilo. Su término se extiende en 15 Kilómetros cuadrados, con abundantes fuentes de agua clara y afluentes del río Arlanza: el Valdura y el Santa Ana, que lo riegan justo antes de su desembocadura.
No cabe duda que esta estructura urbanística proviene de antiguo, aún quedan vestigios de tiempos pasados a lo largo del pueblo: la Iglesia, la casa del cura, la casa y huerta con tapia de adobe del Priorato, casas particulares, tenadas o antiguas bodegas.
La construcción típica del pueblo eran las casas de dos plantas y desván, con ventanas pequeñas para protegerse de los fríos inviernos. La puerta de acceso era de madera partida en dos hojas en horizontal y con un pequeño agujero en la parte baja de la hoja inferior, “el arbañal” para que los gatos (en todas las casas había uno) pudieran entrar y salir libremente. En la planta baja no faltaba la cuadra y anejado a la casa estaba el corral y el cortijo. En alguna casa aún se puede ver la típica chimenea castellana, en forma de tronco de pirámide, recubierta de tejas a modo de escamas.
Hoy en día nos choca que los animales compartieran la vivienda con la gente, pero la explicación es sencilla: en Santa Inés, un pueblo eminentemente agrícola, no podían faltar los animales, pues eran la principal herramienta de trabajo y también el complemento del sustento alimenticio a lo largo del año. Por ello se habilitaban dependencias exclusivamente para su mantenimiento, así corrales, cortijos y cuadras se hallaban en la misma vivienda familiar, pues requerían de cuidados a lo largo del día. Las tenadas, palomares y colmenas se construían aparte.
Además, la cuadra en la planta baja de la vivienda, permitía la vigilancia especial de estas herramientas de trabajo y proporcionaban calor a la vivienda. Muchas veces, en el frío invierno, se reunía la familia en este lugar, para pelar la legumbre, para coser…
La cuadra la formaban los machos, los burros, las vacas (quien las tenía) y las cabras, que una o dos no faltaban, pues eran las que surtían de leche y queso.
En los corrales, las gallinas y los conejos. En el cortijo se guardaban los cerdos (todas las familias tenían, al menos uno, para la matanza de finales de año).
El material de estas construcciones era el adobe (solo la iglesia está construida en piedra, algunas casas destacadas se recubrían, pero su base era el adobe). En Santa Inés este material destaca por el color blanco del barro y la maestría de sus gentes en su colocación.

LA FABRICACIÓN DE ADOBES

Los adobes los hacían los labradores. Entrando al pueblo, a la mano derecha hay un término llamado “las adoberas”. Era costumbre hacerlos en septiembre, una vez que habían terminado las labores en las eras.
Mencal de muro (izq.) y mencal tabiquero (drcha.)
Se llevaba una herramienta llamada pico, con la que sacaban la tierra. Una vez limpia de piedras, raíces… le añadían paja molida y agua y lo amasaban con los pies descalzos Cuando la masa estaba en su punto, se buscaba un lugar liso en la pradera y con un molde de madera, llamado mencal, se le daba forma. Luego se los sacaba del molde y se dejaban secar durante unos días, cuidando de ir dándoles la vuelta para que el secado fuera completo, pues si solo se secaban exteriormente, el adobe se resquebrajaría. Una vez secos completamente, los apilaban formando una pirámide, iban colocando una hilera en una dirección y la siguiente en la contraria, con el fin de que quedaran agujeros para su ventilación.

Se  fabricaban adobes de dos tamaños, los grandes que se empleaban para hacer los muros exteriores, y los pequeños o tabiqueros, para las paredes interiores.