sábado, 5 de marzo de 2016

EL CATASTRO DEL MARQUÉS DE LA ENSENADA, LUGAR DE SANTA INÉS




Hola a todos:  

Os dejo ya la transcripción del Catastro del Marqués de la Ensenada sobre la villa de Santa Inés. Como veréis, la transcripción es literal en todas las preguntas del interrogatorio general, salvo la número 20 que se refiere a los animales que hay en el término, qué clase, cuál es su utilidad y a quién pertenecen. La razón está en que se alargaría mucho, que el nombre de los propietarios no es lo más importante, y que los números que son los que más nos interesan se ven mejor cuando están expuestos en una tabla, por ello me he permitido darlos en dos tablas. En una está la clase de ganado y su número total y en la otra, la utilidad que les atribuyen los peritos de la Única Contribución. Espero os sea de interés, en cualquier caso, como ya os anuncié nos vendrá bien para lo que iremos viendo en próximas publicaciones. Tenéis esta transcripción, a continuación de la del Becerro de las Behetrías, en el siguiente enlace, Santa Inés.

martes, 16 de febrero de 2016

LA VILLA DE SANTA INÉS



Imágen de Santa Inés. Se conserva en la ermita de San Sebastián



La villa de Santa Inés se funda a las orillas del río Arlanza, está situada en la carretera que une Lerma con Covarribias. Sus orígenes son desconocidos, aunque se remontan al menos al siglo IX o X. De los primeros años de su existencia tenemos pocas noticias. El primer testimonio escrito en el que se la menciona es la carta de su donación al Monasterio de San Pedro de Arlanza, fechada el 20 de abril de 1062. En ella Fernando I da al Monasterio la villa de Santa Inés, entonces denominada “villam Sancti Genesii” (San Ginés). Santa Inés se convertirá así, en Priorato de San Pedro de Arlanza y unirá su historia a la del Monasterio durante 800 años.
La villa de San Ginés  con el tiempo cambiará de nombre, como nos demuestra el Becerro de las Behetrías (1352), donde ya aparece denominada como Santa Ygnes. El origen del nombre es desconocido, sin embargo, existen diversas teorías que hemos encontrado y de las que os he dejado constancia en la barra de arriba, bajo el título: Santa Inés.

Su historia es interesante, a través de ella vamos a poder conocer no solo la villa, cómo fue su sociedad y su forma de vida sino también, el funcionamiento de otras instituciones, por ejemplo, el Monasterio de Arlanza. Para conformar esta historia tenemos, entre otros, cuatro libros fundamentales que nos hablan de ella, y que nos van a permitir reconstruirla en gran parte. El primer libro al que nos vamos a remitir es, como siempre, el Becerro de las Behetrías (libro fundamental para conocer la historia de los pueblos de Castilla), que por supuesto os he transcrito en la página: Santa Inés, en la que a partir de ahora iréis encontrando su historia.
El segundo libro, será el Catastro del Marqués de la Ensenada que también os transcribiré. Una vez tengamos la información de estos dos libros, pasaremos a reconstruir la historia del pueblo con los otros dos libros (y alguno más que nos ayude), pero con las transcripciones de estos dos, tendréis datos para analizar las cuestiones que se puedan plantear. Estoy segura de que os va a encantar su historia, además de que encontraréis información inédita que publicaré por primera vez en este blog.

viernes, 16 de octubre de 2015

LA FORMA DE VIDA EN SANTA INÉS: (ANIMALES DOMÉSTICOS)


La "yuebra" o pareja de machos

Los animales domésticos compartían la vivienda familiar, si bien tenían sus propias dependencias: la cuadra, los corrales y el cortijo.
·       LA CUADRA: en esta dependencia se encontraban los machos, los burros, las vacas (el que las tenía) y las cabras. Los machos eran los que hacían el trabajo de campo, cuando salían a trabajar con su apero correspondiente, bien el arado o bien el carro, se llevaba un elemento indispensable: “la tralla”, que era una correa trenzada atada a un palo de madera, en realidad era para animarlos si se paraban, pues estos animales tenían unas voces propias para dirigirlos y a las que normalmente atendían diligentemente: como “güesque” (para girar a la izquierda) o “güellao” (girar a la derecha). Las labores del campo también se podían hacer con las vacas, en este caso era fundamental llevar la “injada”, pues las vacas son animales muy lentos y había que animarlos. La injada es una vara larga que en uno de sus extremos lleva un punzón con el cuál se pinchaba al animal para animarle. A la pareja de machos y vacas se les llamaba “la yuebra”. En las cuadras también se guardaban una o dos cabras, una o dos no faltaban para el sustento de leche y queso.
·       LOS CORRALES: dicen que el mejor caldo es el de gallina, en el pueblo lo sabían bien, y no solo el caldo, también los huevos y la carne, por ellos se ponía especial cuidado en su cría: cuando una gallina se ponía “yuecla” (clueca, esponjosa…), se cogía un cesto grande llamado “escriño” o “coloño”, se llenaba de paja y encima se ponían bastantes huevos y cubriéndolos, la gallina. Para facilitarle la incubación se procuraba que estuviera en un sitio oscuro y se la echaba de comer en unas latitas, trigo y agua. A los 21 días los pollitos empezaban a romper la cáscara y salían, entonces se cogía a la gallina con los pollitos y se les colocaba en un cajón en un rincón, así permanecían con la madre. Ahora se les echaban migas de pan para que comieran los pollitos. Daba gusto verlos, cuando tenían frío se metían debajo de la gallina y esta se agachaba y los cobijaba. En invierno, los primeros días, se ponía el cajón en la cocina, cuando eran un poco más grandes se les trasladaba al corral, se llamaba “la pollada”, al principio siempre estaban con la gallina. Según crecían, se les distinguía por la cresta, si la tenían eran pollitos, y cuando se hacían grandes se dejaba alguno para las gallinas y el resto a la cazuela. Si las gallinas dejaban de poner teníamos que comprar. De vez en cuando, venían por la plaza vendiendo pollitos, se compraban y se tenían en un cajón en la cocina y más tarde, con una luz para que no les faltara el calor, luego pasaban al corral y seguíamos el mismo sistema. No podemos olvidarnos de otro habitante del corral, que nos proporcionaba una carne muy sabrosa: el conejo. Es un animal que no da mucho trabajo y se alimenta con bajo coste, por lo que nunca faltaba en las casas.
·       EL CORTIJO: prácticamente todas las familias tenían un cerdo en casa, se guardaba en un trozo para él, llamado “cortijo”. Su alimentación no era difícil: cocíamos un caldero en la cocina de orear, que siempre estaba colgado del “ayar” (yar). En él se ponían patatas, berza y lo que había, todo con un poco de harina y boñigas de los machos. Con poco coste se criaba el cochino y a finales de año se mataba. Como vulgarmente se dice, del cerdo se aprovecha todo, y a nosotros nos proporcionaba carne para todo el año.


martes, 22 de septiembre de 2015

LA FORMA DE VIDA EN SANTA INÉS: (LA VIVIENDA TRADICIONAL)



Casa típica de adobe
                         
Santa Inés es un pueblo que se estructura en una red de calles amplias y bien cuidadas; es luminoso y tranquilo. Su término se extiende en 15 Kilómetros cuadrados, con abundantes fuentes de agua clara y afluentes del río Arlanza: el Valdura y el Santa Ana, que lo riegan justo antes de su desembocadura.
No cabe duda que esta estructura urbanística proviene de antiguo, aún quedan vestigios de tiempos pasados a lo largo del pueblo: la Iglesia, la casa del cura, la casa y huerta con tapia de adobe del Priorato, casas particulares, tenadas o antiguas bodegas.
La construcción típica del pueblo eran las casas de dos plantas y desván, con ventanas pequeñas para protegerse de los fríos inviernos. La puerta de acceso era de madera partida en dos hojas en horizontal y con un pequeño agujero en la parte baja de la hoja inferior, “el arbañal” para que los gatos (en todas las casas había uno) pudieran entrar y salir libremente. En la planta baja no faltaba la cuadra y anejado a la casa estaba el corral y el cortijo. En alguna casa aún se puede ver la típica chimenea castellana, en forma de tronco de pirámide, recubierta de tejas a modo de escamas.
Hoy en día nos choca que los animales compartieran la vivienda con la gente, pero la explicación es sencilla: en Santa Inés, un pueblo eminentemente agrícola, no podían faltar los animales, pues eran la principal herramienta de trabajo y también el complemento del sustento alimenticio a lo largo del año. Por ello se habilitaban dependencias exclusivamente para su mantenimiento, así corrales, cortijos y cuadras se hallaban en la misma vivienda familiar, pues requerían de cuidados a lo largo del día. Las tenadas, palomares y colmenas se construían aparte.
Además, la cuadra en la planta baja de la vivienda, permitía la vigilancia especial de estas herramientas de trabajo y proporcionaban calor a la vivienda. Muchas veces, en el frío invierno, se reunía la familia en este lugar, para pelar la legumbre, para coser…
La cuadra la formaban los machos, los burros, las vacas (quien las tenía) y las cabras, que una o dos no faltaban, pues eran las que surtían de leche y queso.
En los corrales, las gallinas y los conejos. En el cortijo se guardaban los cerdos (todas las familias tenían, al menos uno, para la matanza de finales de año).
El material de estas construcciones era el adobe (solo la iglesia está construida en piedra, algunas casas destacadas se recubrían, pero su base era el adobe). En Santa Inés este material destaca por el color blanco del barro y la maestría de sus gentes en su colocación.

LA FABRICACIÓN DE ADOBES

Los adobes los hacían los labradores. Entrando al pueblo, a la mano derecha hay un término llamado “las adoberas”. Era costumbre hacerlos en septiembre, una vez que habían terminado las labores en las eras.
Mencal de muro (izq.) y mencal tabiquero (drcha.)
Se llevaba una herramienta llamada pico, con la que sacaban la tierra. Una vez limpia de piedras, raíces… le añadían paja molida y agua y lo amasaban con los pies descalzos Cuando la masa estaba en su punto, se buscaba un lugar liso en la pradera y con un molde de madera, llamado mencal, se le daba forma. Luego se los sacaba del molde y se dejaban secar durante unos días, cuidando de ir dándoles la vuelta para que el secado fuera completo, pues si solo se secaban exteriormente, el adobe se resquebrajaría. Una vez secos completamente, los apilaban formando una pirámide, iban colocando una hilera en una dirección y la siguiente en la contraria, con el fin de que quedaran agujeros para su ventilación.

Se  fabricaban adobes de dos tamaños, los grandes que se empleaban para hacer los muros exteriores, y los pequeños o tabiqueros, para las paredes interiores.

viernes, 24 de julio de 2015

LA VILLA DE SANTA INÉS



Escudo de la villa de Santa Inés


El rio Arlanza, importante afluente del Duero, baña la zona que nos ocupa. Sus orillas, desde la prehistoria, han sido escogidas como lugares de asentamiento.  Así, en su recorrido nacieron poblaciones como Covarrubias o Lerma, importantes cenobios como San Pedro de Arlanza o Santo Domingo de Silos. Acogió a los repobladores, que asentándose en sus orillas, crearon o volvieron a la vida a aldeas y villas, como, Báscones, Santillán, Puentedura… ganando terreno a los conquistadores, convirtiéndose todos ellos en los protagonistas indiscutibles del futuro reino de Castilla.
El río Arlanza, fuente de vida de la zona, se conforma pues, como testigo indiscutible de nuestra historia, nos habla de batallas, de héroes, de luchas por el poder, de vencedores y vencidos, pero también, nos cuenta la historia de aquellas gentes sencillas, de aquellos pueblos que más calladamente, la hicieron posible.
Santa Inés es uno de ellos. Situado en la carretera que une Lerma con Covarrubias, se asienta a las orillas del Arlanza, en la cuenca sedimentaria que forma el río tras recibir las aguas del Mataviejas, un poco más arriba, en Puentedura. Es un pueblo bien cuidado, con amplias calles, que día a día se esfuerza por renovarse. Sus gentes, amables y acogedoras. Actualmente cuenta con 159 habitantes, 77 de los cuales son mujeres y 82 hombres (datos del INE para 2014), aunque en verano, como la mayoría de los pueblos castellanos, aumenta notablemente su población.
Sus orígenes permanecen ocultos, aunque es posible que se remonten a finales del siglo IX o X. El primer testimonio escrito en el que se le menciona es la carta de su donación al Monasterio de San Pedro de Arlanza, fechada el 20 de abril de 1062. En ella Fernando I da al Monasterio la villa de Santa Inés, entonces denominada “villam Sancti Genesii”, la concede íntegramente con todos sus términos, tierras, viñedos, huertas, molinos, estanques, prados, ríos, lugares de descanso, leñas, hasta con cuanto pertenece a la villa y una serie de exenciones.
Como hemos dicho, los orígenes de la villa se mantienen oscuros, lo único que podemos saber viendo los mapas de la época, es que sus términos se enclavan dentro del alfoz de Lara. La carta de donación tampoco nos saca de muchas dudas, por ella sabemos que en 1062 era una villa consolidada, la existencia de molinos y prados (estos últimos denotan que ya poseía una ganadería) nos hace pensar en un asentamiento no reciente sino consolidado. Sin embargo, en lo concerniente a sus orígenes no nos dice mucho. Lo normal en este tipo de documentos de donaciones es que aparezca: “de término de…” o se señale la jurisdicción a la que pertenece: “in alfoz de…”, sin embargo en esta carta no queda expresado. Así pues, solo podemos señalar que en esos momentos era villa de realengo, probablemente nació como villa condal, puesto que el alfoz de Lara se extendió hasta más allá de la villa de Lerma.
En cualquier caso, a partir de estas fechas, Sancti Genesii, pasará a ser villa de señorío, se convertirá en parte integrante del entonces poderoso Monasterio de San Pedro de Arlanza, y sus caminos seguirán juntos hasta la supresión de las Órdenes Religiosas en 1835, pues nunca la dejó de su mano, incluso cuando a partir del siglo XII entre en decadencia y tenga que vender, cambiar o arrendar muchas de sus posesiones, a Santa Inés la conservó intacta hasta su final, y aún más, la potenció en 1591, con la compra al Rey de una considerable extensión de terreno que se adentraba en términos de Santillán, Quintanilla del Agua y la propia Santa Inés, denominado “el Valle”.

A través de estas páginas os iremos contando su historia, sus tradiciones, sus costumbres y su forma de vida. Estoy segura que os conquistará.

miércoles, 17 de junio de 2015

LA SABIDURÍA POPULAR





En cualquier espacio dedicado a recopilar la historia de un pueblo, no podíamos olvidarnos de los refranes, adivinanzas y canciones populares del lugar.

  • Los refranes son sentencias de carácter didáctico o moral que se transmiten oralmente a través de los siglos. Suelen constar de dos partes: la primera presenta la situación y la segunda saca las conclusiones de tipo didáctico: ”A perro callado… míralo con cuidado”
  • Las adivinanzas son dichos populares utilizados como pasatiempos en los que se describe algo para que sea adivinado y forman parte activa del folklore popular. En los tiempos de nuestros abuelos servían de entretenimiento para la familia cuando se reunían en la cocina a la hora de cenar e incluso para hacer más ameno el trabajo en el campo. Su virtud principal es la de estimular el aprendizaje y la memoria: ¿Qué cosa es, que cuanto más grande se hace menos se ve?
  • Una canción popular es una composición, generalmente en forma de versos, que se crea para ser cantada por todos. Normalmente es de autor desconocido, pero que permanece viva en la memoria del pueblo. Sus temas son diversos, pero siempre reflejan el sentir popular y religioso de la gente, de una época.
Los tres, de forma clara y sencilla, nos sumergen en la cultura popular de cada lugar, es lo que se ha dado en llamar: “Sabiduría popular”.
En cuanto a las coplas y coplillas, ya sabéis que están recogidas en el apartado: “Cancionero” (por su extensión tienen su propia sección):

“El martes de carnaval
De gitana me vestí,
Me fui al salón de baile
Por ver a mi novio allí.

Él me dijo: gitanita,
Hágame usted el favor
De decirme con salero
La gracia que tengo yo…”
                                       

La recopilación de refranes (218) y adivinanzas (51) os las dejo en el apartado: “SabiduríaPopular”.  Somos conscientes de que se habrá quedado alguno que otro en el tintero, pero hemos intentado recordar lo más representativo. Aquí va algún ejemplo, a ver si sois capaces de adivinarlos (las soluciones en el apartado “Sabiduría Popular”):
-Arco de buen parecer, no hay carpintero que te sepa hacer.
-Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
-Una señora, bien aseñorada, siempre va en coche y siempre va mojada.

viernes, 29 de mayo de 2015

LAS TRADICIONES DEL MES DE JUNIO EN VILLALMANZO



Altar del Corpus en Villalmanzo 


El día del Corpus Christi la Iglesia Católica, celebra la exaltación del Santísimo Sacramento, es decir, la Eucaristía (la transustanciación en la Sagrada Forma), dogma combatido por los protestantes. Esta fiesta se celebra todos los años 60 días después del Domingo de Resurrección. Siempre cae en jueves, pero en España, desde 1989 esta fecha se traslada al domingo siguiente para adaptarse al calendario laboral, salvo en determinados sitios como Toledo, donde se celebra una gran fiesta (si tenéis oportunidad no os la perdáis).

Su celebración se remonta a los años 1192-1258. Se debe a una religiosa cisterciense llamada Juliana, priora de la Abadía de Cornillón, tuvo una visión que interpretó como la necesidad de instituir una celebración a la presencia de Jesús en la Eucaristía. Otro de los hechos que influyen en esta celebración es el milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real y en el momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando el corporal (hoy esta reliquia se conserva en Orvieto, a donde fue llevada el 19 de junio de 1264; y la piedra del altar, manchada de sangre en Bolsena). El Papa Urbano IV, movido por el milagro, instituyó esta celebración para la iglesia Católica Universal (Bula “Transiturus hoc mundo”, 8 de septiembre de 1264). El Papa Clemente V en el Concilio General de Viena (1311), ordenó la adopción de la fiesta. Su sucesor Juan XXII en 1316 introduce la Octava con exposición del Santísimo. Pero el empuje definitivo vendrá del Papa Nicolás V, cuando en la festividad del Corpus de 1447, sale procesionalmente con la Hostia Santa por las calles de Roma. Es entonces cuando se propaga por toda la cristiandad. Pero es a partir de mediados del siglo XVI, con el Concilio de Trento, cuando se convierte en la festividad contra reformista por excelencia.

En España parece ser que ya Alfonso X el Sabio participó en una celebración del Corpus en Toledo en 1280. En el Reino de Castilla es a partir del siglo XIV cuando aparecen abundantes referencias a esta celebración y de manera continuada a partir del siglo XV. Durante los siglos XVI y XVII es cuando esta fiesta alcanza su esplendor en el Reino de Castilla. Toda la organización, gastos…, correrán a cargo de los concejos. En estos actos participan todas las instituciones y estamentos. La mayoría de las Custodias que portan la Sagrada Forma son, verdaderas obras de arte, al igual que los palios bajo los que se procesionan. Son típicas también, las representaciones de Autos Sacramentales.

La ornamentación del recorrido ya se menciona desde las primeras citas sobre esta festividad. Hay referencias a las colgaduras: las fachadas se transformaban a base de tapices y telas (lujosas y de alta calidad). Se conservan bandos para que los vecinos engalanaran balcones y ventanas, al igual que las diferentes instituciones.
Otro elemento que servía para transformar el espacio urbano por donde circulaba la procesión eran los “Altares”, se utilizaban con fines decorativos y litúrgicos y ofrecían al cortejo una ocasión para detenerse y descansar. (Más información: Santiago Valiente Turón: La fiesta del “Corpus Christi” en el Reino de Castilla…”).

Villalmanzo no era una excepción, la parroquia, las cofradías, las asociaciones, el Ayuntamiento y los vecinos, se volcaban en su celebración con una procesión solemne por el pueblo vestido de gala: se engalanaban los balcones con colchas antiguas y las mejores que se tuvieran, y hasta se tapaban las bocacalles con ellas, delimitando el recorrido. Las mujeres se encargaban de hacer seis altares por las calles a cuál más bonito, donde la procesión se detenía. Los niños que ese año habían hecho la Primera Comunión, se volvían a vestir y llevaban pétalos de rosa que tiraban por el camino y en los altares donde se detenía la procesión.
Hoy en día, no hemos perdido esta solemne celebración, la seguimos celebrando exactamente igual, aunque ahora se hace en el domingo siguiente y solo se instala un altar.

LA OCTAVA

A los ocho días de esta fiesta grande se celebraba la Octava, consistía en otra procesión por el pueblo, aunque también se celebraba con toda solemnidad, se diferenciaba en que ya solo se hacía un altar.
Actualmente se tiene la procesión por el interior de la iglesia.

SAN PEDRO


Su día se celebra el 29 de junio, para nosotros no es fiesta grande como en la capital (Burgos), pero siempre lo hemos celebrado como el día de las bromas. Se hacían cosas como cortar las calles, cambiar los tiestos de sitio… y acabábamos con una merienda. Previamente acostumbrábamos a recoger manzanilla y, para San Juan, la llevábamos a vender a Lerma: con lo que sacábamos, pagábamos el chocolate y la merienda del día de San Pedro.

Fuentes:
-Valiente Timón, Santiago: La fiesta de “Corpus Christi” en el Reino de Castilla durante la Edad Moderna”, en Ab Initio, Núm. 3 (2011), pp. 45-57, disponible en www.ab-initio.es).